jueves, 26 de enero de 2017

Lectura en la librería Cien Fuegos (París)

El viernes 27 de enero a las 19 h leeré poesía con Alejandro Méndez, Su Xiaoxiao y Emmanuel Merle. Será en la librería Cien Fuegos (4, rue de la Forge Royale, París).


viernes, 11 de noviembre de 2016

Fotos de la presentación de Alcohol para después de quemar. Barcelona, 27 de octubre de 2016.

El 27 de octubre presenté Alcohol para después de quemar en la librería Calders, en Barcelona. Me acompañaron Andreu Jaume, quien realizó un profundo análisis del libro, y Aníbal Cristobo, el editor. Estoy muy contento de haber publicado por Kriller71, una editorial con un catálogo del que es un honor formar parte.
Las fotos fueron tomadas por Carolina Soler.







jueves, 13 de octubre de 2016

Prólogo de Rosario Bléfari a la edición española de “Alcohol para después de quemar”

























La fábula se encarna en la poesía de Rezzano con el tono y el ritmo que le permiten montar inquietudes desconocidas, como quien monta escenografías, para entonar certeros soliloquios en medio de ellas. Pero estas miniaturas pobladas de resonancias metafóricas están vaciadas de la advertencia organizada de la fábula. La lección, en todo caso, sobreviene en el borde último del poema, y a veces al segundo después de haberlo terminado de leer, cuando descubrimos que, como si hubiésemos subido a una montaña rusa —resonancia de aquella que hacía sangrar por boca y nariz en los anti-poemas del poeta chileno Nicanor Parra—, la voz incierta ha jugado con nuestra propensión a la gravedad: se trataba de una especie de broma donde la crueldad o la ternura no son una propuesta, sólo animan movimientos —musicales— de una ilusión controlada.
El tiempo alterado, que por medio de elipsis, aceleraciones, cortes y pausas implementa pasados perdidos, futuros dudosos y la perturbadora invasión del presente, enseguida es identificado, pero ¿quiénes son los seres que hablan apoderándose de la primera persona que usa el poeta?, ¿desde dónde nos hablan? Puede que sea desde los remolinos que arma una memoria con la resaca de lecturas y películas vistas, desde los juegos y acertijos del otro que es el mismo, desde las mismísimas transformaciones frente al espejo, o desde la confusión que se instala por los desdoblamientos y reuniones de un coro extraño que nos resuena como si estuviera sonando en alguna entraña propia o cercana.
De todas maneras, cuando leí por primera vez los poemas de Rezzano sentí mucha curiosidad por el operador que hacía hablar a esas voces. ¿Qué clase de persona escribiría esto y por qué? Incluso sonreí: ¿escribe alguien estos poemas? El tono determinante que va avanzando con algo de amenaza sobre el lector parece provenir siempre de un lugar múltiple e indirecto pero a la vez conforma una entidad única. Sólo después de conocer a Rezzano personalmente y que me confesara el secreto que hoy develo, supe que el uso de la primera persona supone la elección de una puesta. Montar la escena es un acto de transformación gracias a esa primera persona que es ojo y máquina desde algún sitio desplazado. El poeta opera como usurpador del cuerpo de otro —hay cuerpos, no son sólo voces— para instalar en ese recipiente vacío una cámara, en el cuerpo de ese otro que también es un montaje escénico —cuerpos como locaciones, escenas como robots habitables—. Y en ese transporte vamos.
¿En qué, cómo, dónde conseguir que se deje estar, en definitiva que se entregue —o al menos se quede un rato quieto, atraído, demorado— un escéptico, un gracioso, un rebelde de solemnidades, un necesitado de acción renegado de la paz que huye del equilibrio final, un espíritu adolescente? En el terror tal vez, más precisamente en el montaje del terror, en la risa que provoca ese montaje —la escena del descuartizamiento que el propio ilusionista prepara, ejecuta y después desarma y desmiente—. No pasó nada (pero podría haber pasado).
En estos aparatos de producir vértigo, en los que por momentos los poemas de Rezzano se transforman y se deforman, y en la voz enmascarada, pueden detectarse semejanzas con las construcciones de Henri Michaux de sus poemas en prosa. Las escenas no son contemplaciones, no son situaciones diarias que revelan un camino, ni son descripciones de estados de ánimo que fluctúan. Rebelde de la poesía siendo poeta consigue con el montaje de paranoias arrastrar al lector por pasillos que hasta podrían ser aterradores, para desembocar muchas veces en un afuera desde donde se mira lo anterior y se entiende que “no era”. Pero no se termina ahí, ese vacío propina un nuevo susto: el de lo real. La inminencia de algo peor no se suspende. Da lo mismo concluir que el universo sigue expandiéndose como considerarlo inconmovible. Los cuerpos siempre estarán ocupados. Los muertos continuarán hablando, viéndose a sí mismos con la mirada póstuma. Lo que parece otra cosa no es más que el presente o lo real.
La ilusión como paranoia vuelve extraño algo cotidiano o directamente incorpora lo sobrenatural a la realidad y deja —como corresponde— una duda postrera: que en las ruinas de aquella ilusión, cuando ya fue desmontada, habiten las visiones que se habían invocado. Y sí: en ese tiempo largo, superior, los humanos y todo lo que vive en nosotros y con nosotros es sólo una aparición que dura una bocanada de aire, una inspiración o un desaliento. Para qué fingir que no lo sabemos. Sólo resta plegar y desplegar los instantes, como si ese acordeón nos hiciera durar un rato más o abarcar, en el recorrido de otro eje, un poco más de espacio-tiempo. Pienso en el caño que baja y sube con el caballo de la calesita simulando el galope eterno y pienso también en algo que me contó una amiga actriz. En la filmación de una película de terror le tocó protagonizar una escena donde era decapitada. Para tal efecto tuvieron que construir en látex una reproducción exacta de su cabeza con sus facciones y su cabello. “Quedate quietita y relajada” le pidieron mientras se secaba el material. Ocurrieron dos cosas: mientras esperaba para filmar, horas más tarde, vio su cabeza por ahí, ya terminada, y por una milésima de segundo no supo dónde estaba, si ahí o en ella misma. La otra cosa fue que cuando la decapitaron la expresión de su rostro, lejos de mostrar la alteración correspondiente, era la del más dulce y pacífico equilibrio. Murió violentamente, pero en paz.

Rosario Bléfari

lunes, 22 de agosto de 2016

Presentaciones de Nocturna (Zindo & gafuri, 2016)

Con Diego Vdovichenko en Gorlami Bar. Buenos Aires, 11 de junio de 2016

Con Miguel Dalmaroni en Octavia V. La Plata, 19 de junio de 2016


¡Gracias a Carolina Soler por las fotos!
 

martes, 9 de agosto de 2016

Tres ediciones, una explicación y un poema


En 2012 publiqué Alcohol para después de quemar en Chile, en 2014 lo publiqué en Argentina y ahora, en octubre de este año, saldrá en España. Entre la primera y la segunda edición hay grandes diferencias (más de un tercio del libro es distinto), y entre la segunda y la tercera, en cambio, las diferencias son mínimas (apenas quité un poema e hice unas pocas correcciones).
Bueno, a lo que iba es a que quiero mostrarles un texto que ha sobrevivido a pequeñas y sucesivas transformaciones. Ustedes podrán poner en duda si ha valido la pena tanto trabajo, pero les juro que sí, y no porque piense que he escrito un poema memorable, sino porque prefiero este trabajo de locos, que es escribir poesía, a otros que me secan el cerebro.



Volver a los 17


A veces, mientras camino, me propongo un juego: volver a los diecisiete, cuando mis planes no guardaban ninguna relación con lo que hoy me toca, y mirar con aquellos ojos cualquier detalle tomado al azar. El desafío es descubrir dónde me encuentro; en qué ciudad o, al menos, en qué país. Una tarde, paseando por un lugar al que no he vuelto, ocurrió que me quedé hechizado por el vuelo de las golondrinas, tratando de descifrar su escritura sobre el cielo, gris y encapotado. La lluvia, que empezaba a caerme sobre la cara, no tardó en despertarme con una pregunta o quizás con dos: ¿quién era el migrante aquella primavera?, ¿cuántos como yo harían falta para traer un verano? Traer a salvo el verano a casa como si se tratara de un avión en emergencia; traer, aunque poco sea, buenas noticias de otras costas, devoradas por el mar hace seiscientos años o más —quién podría acordarse.

ER

viernes, 10 de junio de 2016

Presentación en Buenos Aires de “Nocturna”







































El sábado 11 de junio a las 20 h se presentará en el bar Gorlami (Balcarce 971, Buenos Aires) mi nuevo libro, Nocturna. Sobre él hablará Diego Vdovichenko. También se presentarán los libros Impar, de Agustina Iacoponi, y Labios púrpura, de Diego Martín Rodríguez; todos editados por Zindo & Gafuri.

Poemas de “Nocturna”, mi nuevo libro (Buenos Aires, Zindo & Gafuri, 2016)

























Nocturna

Una cucaracha
me tocó el brazo
y mi gesto lo dijo todo

Me preguntó ¿tanto asco
te doy? y me ofreció
la mitad de su chicle

Acaricié su dorso
que no emitía música
y pensé

si fueras un grillo
¿sobre qué estaríamos
conversando?


Sea food

De espaldas sobre la noche
sentí que un tiburón se me acercaba
desde la profundidad de un mar
oscuro y cristalino

A punto de morderme eligió
la voluptuosidad de mi mano
y puso el hocico sobre
el hueco de mi palma

Mi cuerpo inerme
lo acompañaría en su descenso
suave y silencioso
tiburón enamorado

Mi cuerpo blanco
demasiado blanco
mis ojos olvidados
del último terror


Vasos comunicantes

En un bolsillo una llave
en el otro una puerta
mal cerrada que deja
entrever el puente
de un buque ballenero

El buque vuelve a casa
los marineros duermen
y la puerta rechina

Tengo que decirlo
—interrumpe María
de este lado del mundo—
algo huele a cachalote
en tu entrepierna

Se lo dice y se le aprieta
contra el pecho
frágil y agitada coraza
para escuchar el ruido
de las refinerías


Kindertotenlieder

Los niños muertos reciben
con emoción contenida
las canciones que Malher
les dedicara

—con emoción contenida
en un vaso que nadie sostiene
y se estrella

a) estalla
b) rebota contra la alfombra y derrama
susurros y respiraciones

La habitación está vacía
pero se escuchan voces y alguien
apaga la luz

porque el pánico
se huele mejor a oscuras
en la noche fría
de cristales y alfileres


Niña del viento

Cuando murió Amparo
mi primera mujer

mi hija me dijo
yo soy la hija
del desamparo

la que perdió el nombre
en boca del viento

la falda en manos
de la noche blanca

noche de luna
y sin estrellas


ER

domingo, 17 de abril de 2016

Fragmento de “Un cuerpo glorioso”, de Giorgio Agamben

Entre 1924 y 1926, el filósofo Sohn-Rethel vivió en Nápoles. Al observar la actitud de los pescadores que luchaban con sus barquitos y la de los automovilistas que intentaban hacer arrancar sus viejísimos autos, formuló una teoría de la técnica que definía graciosamente como “filosofía de lo roto” (Philosophie des Kaputten). Según Sohn-Rethel, para un napolitano las cosas empiezan a funcionar sólo cuando son inutilizables. Esto quiere decir que el napolitano en realidad empieza a usar los objetos sólo desde el momento en que dejan de funcionar; las cosas intactas, que funcionan bien por su cuenta, lo irritan y le causan odio. Y sin embargo, clavándoles un trozo de madera en el punto justo o dándoles un golpe en el momento oportuno, logra hacer funcionar los dispositivos según sus propios deseos. Este comportamiento, comenta el filósofo, contiene un paradigma tecnológico más alto que el de uso corriente: la verdadera técnica comienza sólo cuando el hombre es capaz de oponerse al automatismo ciego y hostil de las máquinas y aprende a desplazarlas hacia territorios y usos imprevistos; como aquel muchacho que en una calle de Capri había transformado un motorcito roto de motocicleta en un aparato para hacer crema batida.
De algún modo, aquí el motorcito continúa girando, pero con vistas a nuevos deseos y nuevas necesidades; la inoperosidad no se deja a sí misma, sino que deviene el pasaje o el “ábrete sésamo” de un nuevo uso posible.

viernes, 26 de junio de 2015

Fragmentos de Molloy, de Samuel Beckett

Revisando mi libreta de anotaciones encontré unos breves fragmentos que copié de Molloy, de S. Beckett. El año pasado tuve la fortuna de leer ese libro y también Malone muere; me queda pendiente El innombrable. A continuación transcribo algunos de esos fragmentos.

Sé lo que saben las palabras y las cosas muertas, y todo ello forma una pequeña y bonita suma, con un comienzo, una mitad y un final, como en las frases bien construidas y en la larga sonata de los cadáveres.

Voy a advertiros de una cosa: cuando las asistentes sociales os ofrecen graciosamente una basofia como para ni mirarla, lo cual en ellas constituye una obsesión, es inútil mostrarse recalcitrante. Os perseguirán hasta los confines de la Tierra blandiendo su vomitivo. Las del Ejército de Salvación no están mucho mejor. No, realmente no conozco defensa alguna contra el gesto caritativo. Hay que inclinar la cabeza, tendiendo las manos confusas y temblorosas, y decir gracias, señora; muchas gracias, buena señora. El que no tiene nada no tiene derecho a despreciar la mierda.

Quizá tenía miedo de que saliera corriendo en su persecución. Efectivamente, hay algo inquietante en mi forma de correr, con la cabeza echada hacia atrás, los dientes apretados, los codos doblados al máximo y las rodillas casi pegadas al rostro. Y a esa forma de correr debo el haber dado alcance a menudo a personas más ágiles que yo. Prefieren detenerse y esperarme a prolongar a sus espaldas tan pavoroso espectáculo.

Pero había momentos en que me parecía que ya no estaba muy lejos, que me acercaba como la playa se acerca a la ola que se infla y blanquea, aunque debo decir que esta imagen resulta poco apropiada para mi situación, más cercana a la de la mierda que espera ser barrida por el agua de la manguera.

miércoles, 15 de abril de 2015

domingo, 7 de diciembre de 2014

lunes, 20 de octubre de 2014

Presentación en Buenos Aires de “Alcohol para después de quemar”


















El jueves 23 de octubre a las 21.30 h se van a presentar en la ciudad de Buenos Aires los libros de poesía Ciento cincuenta gramos, de Carlos Martín Eguía, y Alcohol para después de quemar, mi último trabajo. Sobre el libro de Eguía hablará Carlos Battilana y sobre el mío hará lo propio Rosario Bléfari. También participarán Patricio Grinberg y Mauro Lo Coco, editores de Zindo & Gafuri. La cita es en Vivaldi Libros Bar, Santiago del Estero 1098.
Los invito a todos muy especialmente.

martes, 7 de octubre de 2014

Fotos de la presentación de Alcohol para después de quemar

  Mauro Lo Coco y Patricio Grinberg
 
  Patricio Grinberg y Rosario Bléfari
 
 Eduardo Rezzano y Rosario Bléfari

 Eduardo Rezzano, Rosario Bléfari y Patricio Grinberg
 
 Eduardo Rezzano

Mauro Lo Coco y Eduardo Rezzano

Eduardo Rezzano y Rosario Bléfari

martes, 30 de septiembre de 2014

Presentación en La Plata de "Alcohol para después de quemar"

El sábado 4 de octubre a las 20 h se presentarán en la librería Malisia (diag. 78 Nº 506, esq. 6 y 59) los libros de poesía Alcohol para después de quemar, de mi autoría, y Ciento cincuenta gramos, de Carlos Martín Eguía. Mi libro, una reedición renovada y ampliada del homónimo que fuera publicado en Chile en 2012, será presentado por Rosario Bléfari. Además estarán presentes Carlos Battilana, que se referirá al libro de Eguía, y Patricio Grinberg y Mauro Lo Coco, responsables de la editorial Zindo & Gafuri.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ciclo Alrededor. Museo del Libro y de la Lengua

El jueves 4 de septiembre leeré poesía en el ciclo Alrededor, que coordina Rosario Bléfari en el Museo del Libro y de La Lengua. Van a tocar Rosario y Envidia (Marcelo Moreyra), y Daniela Zahra proyectará sus imágenes.

lunes, 28 de julio de 2014

Escaleras

Los que hemos vivido
una temporada en la casa
de la calle Thames
difícilmente no guardemos
el recuerdo de haber rodado
por la escalera de entrada

Distinto ocurría en la casa
de la calle Regomir
también con escalera blanca
de mármol gastado
pero más tolerante con
los que acostumbramos saltar
de a dos o tres escalones

Dicen que la diseñó
un ingeniero de Shanghái
que había llegado a Barcelona
en una misión diplomática

El historiador catalán Alejandro Oliver
dedica uno o dos párrafos a las raras
habilidades del artista chino
para el cálculo y la proporción

ER

domingo, 2 de febrero de 2014

Mi página web

Amigos, los invito a visitar mi página web. Aprovecho para saludarlos muy afectuosamente.

eduardorezzano.wix.com/eduardorezzano

Primeras líneas de la novela "Molloy", de Samuel Beckett

Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Me ayudaron. Yo solo no habría llegado nunca. Quizás estoy aquí gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega. Me da un poco de dinero y se lleva los papeles. Tantos papeles, tanto dinero. Sí, ahora vuelvo a trabajar, un poco como antes, sólo que ya no me acuerdo de cómo se trabaja. Tampoco parece que eso tenga mucha importancia. A mí lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Vodevil Ambulante. 15/09/13


Violetas de los Alpes


















Llegué a pensar que las violetas de los Alpes eran plantas migratorias que se echarían a volar, con macetas y todo, con la llegada de los primeros calores. Pero los primeros calores son siempre una avanzada destinada a perecer bajo el fuego enemigo. Persistirá el invierno unos días más, haciendo uso de un derecho que no me animo a discutir.

ER

lunes, 19 de agosto de 2013

Algunos poemas de Caligrafía (Madrid, Amargord —colección Transatlántica—, 2013)



cuerpos

El dedo acusador espera
olvidado-amputado
en el marco de la puerta
sujeto por la puerta cerrada

En la intimidad del cuarto
la acción transcurre
con la intensidad habitual
los cuerpos se mezclan
y dejan huellas

un camino de baba
por paredes y techo

cristales en el piso
sangre
y una silla incrustada
a la altura del tórax


Brasil

Si dijera que
nací en Brasil

los que me conocen
se apurarían a
desmentirlo

Por eso digo
que vengo del fondo
del mar

que germiné
en el casco de un galeón
hundido hace dos siglos

que fui amado
por los ocho tentáculos
de un pulpo antropofílico

que fui devorado
por un tiburón y
que volví a nacer
pero tardíamente

con los días contados
y la mirada perdida
en un punto difuso

que ahora se acerca
ahora se aleja


Despeñadero

En la memoria guardo
apenas tres sonidos

el canto de un pájaro
sin nombre
una campana que toca
a muerto y
el mar contra las piedras

A partir de esta pequeña música
trato de reconstruir algunas voces

pero es inútil
la música me conduce al silencio

cada mañana
cada atardecer


La edad del helecho

Lo llamaron primero
a los gritos después
en un murmullo

Contestó con muecas
saltando haciendo
el tonto

Volvieron a llamarlo
con voz marcial
después glaciar

y cayó de rodillas
caminó de rodillas

rumbo al sol que se ponía
que auguraba no sé qué tormenta
qué clase de tragedia familiar

Despertó
y convocó a sus discípulos
alrededor de su cama postrera

pero sus discípulos
lo habían abandonado
y estaba preso y enfermo
en una cárcel del Perú

Despertó otra vez
y yacía tendido boca
abajo en
un claro en la selva

su cuerpo irreparable
era un cosquilleo
de hormigas

un tumulto de marabunta
asesina

la turbamulta reclamando
derechos

—derecho a no enterrar a los muertos
a poner de cabeza a todos los santos
a la vida después de la muerte


Los perros

Los perros en jauría
rodean la casa

no piden ni exigen
toman esto y aquello

Rodean la casa
pero la casa está vacía
y la ciudad abandonada

El mar devuelve
sobre la costa detritos
y formas inacabadas

lo que no pudimos
llevarnos
lo que preferimos
olvidar


ER